INTRODUCCIÓN
Beldar es un planeta único, un crisol donde convergen las líneas místicas, mágicas y del multiverso. Este fenómeno ha dado lugar a una gran diversidad de razas, cada una con sus propias características, culturas y habilidades. Algunas razas son nativas de Beldar, mientras que otras han llegado a través de portales inter dimensionales, dejando su origen envuelto en misterio.
En Beldar, elfos, enanos, humanos y muchas otras razas coexisten, cada una con sus virtudes y flaquezas. Esta variedad ha permitido a sus habitantes no solo prosperar en el planeta, sino también colonizar su satélite, Eirïo, a través de portales mágicos que interconectan ambos mundos. Sin embargo, la migración de muchas razas, como los elfos, ha dejado a Beldar con una población más reducida de estas especies, mientras que Eirïo se ha convertido en un refugio para ellas.
Además de su diversidad racial, Beldar es un mundo rico en mitología y deidades, cuyas influencias se extienden a todas las razas y culturas. Al final de este documento, se detallan las principales deidades que rigen los destinos de los habitantes de Beldar y Eirïo.
La
plantilla de razas es una herramienta diseñada para describir de manera
detallada y organizada cada una de las razas que habitan en Beldar y su
satélite, Eirïo. Este formato permite capturar tanto las características
físicas y habilidades únicas de cada raza, como su cultura, historia y relación
con el mundo que las rodea. La plantilla se divide en secciones clave que
abarcan desde aspectos biológicos hasta influencias culturales y opciones para
la creación de personajes.
Secciones
Principales:
1.
Introducción: Breve descripción de la raza, su origen y su
papel en el mundo de Beldar.
2.
Características Físicas: Detalles sobre su apariencia, complexión,
resistencia, altura, esperanza de vida y resistencias naturales.
3.
Habilidades y Debilidades: Habilidades especiales innatas, puntos
fuertes y debilidades que definen a la raza.
4.
Cultura y Sociedad: Información sobre su idioma, prejuicios,
costumbres de emparejamiento, actitudes religiosas y profesiones comunes.
5.
Conceptos de Personajes: Ideas para crear personajes jugables, incluyendo
roles típicos y conceptos narrativos.
6.
Opciones de Historial: Beneficios adicionales como idiomas extras,
dinero inicial, objetos especiales y talentos únicos.
Propósito de la Plantilla
Esta plantilla no solo sirve para definir las razas de manera coherente, sino también para proporcionar a los jugadores y directores de juego una base sólida para crear personajes inmersivos y adaptados al mundo de Beldar. Cada sección está diseñada para reflejar la diversidad y riqueza de un planeta donde convergen líneas místicas, mágicas y del multiverso, permitiendo que cada raza se sienta única y conectada con el entorno.
A
continuación, la plantilla detallada y sus puntos explicados.
Plantilla de Raza
Introducción
Breve
descripción de la raza, su origen (si se conoce) y su papel en la sociedad de
Beldar y Eirïo. ¿Son nativos de Beldar, llegaron a través de portales, o son
una raza misteriosa cuyo origen se desconoce?
Características
Físicas
Complexión: Descripción general de su
constitución física (robusta, delgada, musculosa, etc.).
Color: Tonalidades de piel,
cabello y ojos comunes en la raza.
Aguante: Capacidad física para
resistir esfuerzos, enfermedades o condiciones extremas.
Altura: Rango de altura promedio.
Esperanza
de Vida:
Cuánto viven normalmente los miembros de esta raza.
Resistencias: Inmunidades o
resistencias naturales (magia, venenos, elementos, etc.).
Sueño Requerido: ¿Cuántas horas de sueño necesitan? ¿Tienen patrones de sueño diferentes a otras razas?
Habilidades Especiales: Habilidades innatas o únicas de la raza (visión nocturna, regeneración, afinidad mágica, etc.).
Debilidades: Vulnerabilidades o desventajas inherentes a la raza (sensibilidad a la luz solar, dependencia de un recurso, etc.).
Puntos Fuertes: Aspectos en los que destacan (fuerza física, inteligencia, habilidades sociales, etc.).
Modificadores
a la Cultura
Idioma: Lenguas que hablan de
forma nativa.
Prejuicios: Actitudes comunes hacia
otras razas o facciones.
Actitudes Religiosas: ¿Cómo se relacionan con las deidades de Beldar? ¿Son devotos, escépticos o indiferentes?
Profesiones Preferidas: Ocupaciones comunes entre los miembros de la raza (guerreros, magos, comerciantes, artesanos, etc.).
Habilidades Especiales Culturales: Habilidades o conocimientos que su cultura valora y fomenta (artesanía, caza, diplomacia, etc.).
Culturas Típicas: Descripción de las culturas o subculturas más comunes dentro de la raza.
Conceptos de Personajes: Ideas para crear personajes jugables de esta raza (un elfo explorador, un enano herrero, un humano mercenario, etc.).
Opciones
de Historial
Idiomas
Extras:
Idiomas adicionales que pueden aprender.
Dinero
Extra:
Riqueza inicial o acceso a recursos.
Objetos
Especiales:
Objetos únicos que pueden poseer (armas, reliquias, herramientas).
Talentos: Habilidades o ventajas
adicionales basadas en su historial.
RAZAS
RAZAS ELFICAS
Los
elfos son una poderosa raza cuya inmortalidad, su gracia natural, sus
habilidades innatas y una pericia en las artes manuales les confiere algo más
que un toque de encanto, por lo menos a ojos de los mortales. Existen tres
sub-razas élficas en RMF: Elfos de los Bosques, Elfos Grises y Elfos Altos.
Los
elfos también existen en el Mundo de Beldar, pero se dividen en grupos diferentes.
Aquí conviven cinco subgrupos: Linaeri, Loari, Dyari, Erlini y Shuluri. Los primeros
tres están tan emparentados entre ellos que son en realidad una sub-raza con
entidad propia: los Iylar.
ELFOS
MEDIO ELFOS
Los Medio-elfos, conocidos en Beldar como los Ta-Lairi, son los hijos de dos linajes antiguos y poderosos: los elfos y los humanos. Su sangre mezcla la longevidad, la sensibilidad y la afinidad mágica de los primeros con la adaptabilidad, la ambición y la pasión de los segundos. Esta herencia dual los convierte en una raza marcada por la contradicción y la búsqueda constante de identidad.
Desde jóvenes, los Ta-Lairi deben afrontar una elección que ninguna otra raza comparte: aceptar la mortalidad y vivir como los hombres, o abrazar la inmortalidad y seguir el camino de los elfos. Esta decisión no es sólo biológica, sino también cultural y espiritual, pues define su lugar en el mundo, sus costumbres, su relación con el tiempo y su manera de comprender la vida y la muerte.
En ninguna parte son considerados plenamente de los suyos. Entre los humanos son vistos como demasiado distantes y extraños; entre los elfos, como demasiado cambiantes y breves. Así, los medio-elfos crecen con la sensación de pertenecer a ambos pueblos y, al mismo tiempo, a ninguno. Esta condición los convierte en viajeros naturales, mediadores entre culturas, exploradores, aventureros o solitarios buscadores de un propósito propio.
En Beldar, los Ta-Lairi no forman un solo pueblo, sino que se dividen en varios linajes con rasgos y tradiciones propias: Eritari, Ky’taari, Punkari, Sulini y Vorloi. Cada uno refleja una combinación distinta de sangre élfica y humana, y se ha adaptado a entornos tan diversos como junglas, tundras, costas, islas o bosques primigenios.
Ser medio-elfo significa vivir en el umbral entre dos mundos: entre la eternidad y el tiempo, entre la naturaleza y la civilización, entre la magia antigua y el destino cambiante de los mortales. Para algunos es una maldición; para otros, un privilegio que les permite comprender realidades vedadas a las razas puras. En cualquier caso, la dualidad define su existencia… y suele empujarlos, antes o después, al camino de la aventura.
CENTAUROS
Los centauros son una de las razas más imponentes y antiguas de Beldar, nacidos de la unión entre la inteligencia de los pueblos humanoides y la fuerza primigenia de las grandes bestias. Su doble naturaleza, mitad pensante y mitad animal, los convierte en criaturas de instinto y razón a partes iguales, capaces de sentir la llamada de la civilización sin renunciar jamás a la libertad de los espacios abiertos.
Para los centauros, el movimiento es vida. El galope, la caza, la migración estacional y la guerra forman parte de su identidad cultural tanto como el honor, la lealtad al clan y el respeto por los espíritus de la tierra y del cielo. Sus sociedades suelen ser tribales o clanes, estructuradas en torno a líderes guerreros, chamanes y ancianos que interpretan las señales del mundo natural.
Aunque existen numerosas variantes —centauros caballo, león, lagarto y otras formas más exóticas— todos comparten una visión común: la convicción de que la tierra bajo sus patas es sagrada y que el deber de su raza es proteger los territorios abiertos, las rutas ancestrales y el equilibrio entre las fuerzas salvajes y la civilización.
GRATAR
Los Gratar son una raza humanoide de naturaleza anfibia, con rasgos claramente batracios y una disposición generalmente belicosa y dominante. Aunque pueden desenvolverse en el agua con soltura, pasan la mayor parte de su vida en tierra firme, estableciéndose en pantanos, litorales, selvas húmedas y complejos subterráneos cercanos a fuentes de agua. Su cultura no se organiza por clanes ni por regiones, sino por una rígida jerarquía racial que determina el estatus, el destino y el valor de cada individuo desde el mismo momento de su nacimiento.
A diferencia de muchas razas, los Gratar no se dividen por entorno, sino por castas biológicas: Gratar Negro, Rojo, Gris, Verde y Amarillo. Cada una de estas subrazas cumple una función precisa dentro de la sociedad, desde los campeones y líderes destinados a gobernar y conquistar, hasta los soldados rasos y los asesinos de las sombras. Esta estructura crea una civilización cruel, competitiva y profundamente darwinista, donde el poder físico, la utilidad y la obediencia determinan quién vive, quién manda y quién muere.
En lo más alto de esta pirámide se alzan los rarísimos Gratar Rojos, considerados seres mesiánicos y elegidos por los dioses oscuros o por el propio destino. Bajo ellos, los Gratar Negros actúan como campeones y señores de la guerra; los Gratar Grises como espías y ejecutores; y los Gratar Verdes y Amarillos como la masa guerrera que sostiene con su sangre la ambición de toda la especie.
Los Gratar no poseen equivalente en el Mundo de las Sombras y, para la mayoría de pueblos de Beldar, representan una amenaza constante: una raza organizada, fanática y brutal, guiada por una jerarquía implacable y por la convicción de que su destino es dominar o perecer.
MUNDO FEÉRICO
El
término "feérico" cubre una gran variedad de seres pequeños y no tan
pequeños que viven ocultos en lugares como bajo las colinas verdes, detrás de
las aguas o entre las raíces de los árboles. Esta clasificación incluye a los seres
descritos en el Manual de Monstruos y Criaturas bajo los términos de Pueblo
Feérico y Espíritus Locales, así como a los Lennai del Mundo de Beldar. Son
seres inmortales, por lo que los asuntos
de
los mortales tienen poco interés para ellos por regla general. En su lugar,
dedican su atención a sus pequeñas intrigas y disputas. En este libro
hablaremos de seis sub-razas: los Enelfos, los Sátiros (también conocidos como
Faunos), los Tylweth Teg (conocidos como Peries), Faelyn hadas de tamaño
humanoide, la raza Morphonis, la raza cambiante, y los Lennai, una raza única
de Beldar.
RAZAS AEREAS
Las
razas aéreas son aquellos pueblos cuya existencia está ligada de forma
inseparable al cielo, al viento y a las grandes alturas. Para ellas, el aire no
es sólo un entorno, sino un elemento vital, un territorio sagrado y una vía
natural de movimiento, comunicación y guerra. Dotadas de alas o de capacidades
innatas para el vuelo, contemplan el mundo desde una perspectiva que ninguna
raza terrestre puede igualar, y su cultura, su forma de pensar y su
espiritualidad están moldeadas por la inmensidad del firmamento.
Estos
pueblos habitan en cumbres inaccesibles, acantilados vertiginosos, ciudades
suspendidas, bosques colosales o nidos excavados en la roca viva, siempre en
lugares donde el cielo abierto sea dominante. La libertad, la movilidad y la
vigilancia constante forman parte de su identidad colectiva, así como un cierto
distanciamiento emocional y cultural respecto a las razas ligadas al suelo, a
las que observan con curiosidad, respeto o condescendencia.
Para
las razas aéreas, el vuelo es más que un medio de transporte: es símbolo de
estatus, honor y plenitud. La capacidad de alzarse sobre el mundo define su
jerarquía social, su arte, su guerra y su religión. Vientos, tormentas,
estrellas y corrientes térmicas no son simples fenómenos naturales, sino
fuerzas vivas que interpretan como mensajes, presagios o manifestaciones de
poderes superiores.
En
Beldar, estas razas representan la encarnación de la libertad absoluta, la
vigilancia desde las alturas y el dominio del espacio tridimensional,
recordando a todas las demás culturas que el mundo no sólo se extiende sobre la
tierra… sino también y, sobre todo, sobre el cielo.
RAZA FELINAS (IDIVYA)
Los Idivya son el conjunto de razas felinas inteligentes de Beldar, pueblos nacidos de la unión entre el espíritu indómito de los grandes depredadores y la razón de los humanoides. Tigres, leones, panteras y pumas caminan erguidos entre ellos, no como simples bestias, sino como clanes orgullosos con culturas propias, códigos de honor y una visión del mundo marcada por la caza, la territorialidad y la fuerza personal.
Para los Idivya, la vida es una prueba constante. La agilidad, el sigilo, la velocidad y la potencia física son virtudes tan valoradas como el coraje y la astucia. Sus sociedades suelen ser tribales o clánicas, estructuradas alrededor de líderes fuertes, cazadores legendarios y campeones que demuestran su valía en combate o en grandes gestas. El honor se gana con hechos, no con palabras, y la debilidad abierta rara vez es respetada.
Aunque cada clan felino posee su propio temperamento —la ferocidad del león, la astucia de la pantera, la resistencia del tigre o la agilidad del puma— todos comparten un profundo vínculo con la naturaleza salvaje y con los dioses de la caza y la guerra. Los Idivya no buscan dominar el mundo como imperios, sino sobrevivir, prosperar y dejar su marca en él mediante la fuerza de sus garras, la velocidad de sus cuerpos y la leyenda de sus hazañas.
ORCOSLos Orcos son la encarnación de la guerra y la destrucción en Beldar. Criaturas nacidas para el combate, su cultura, religión y forma de vida giran en torno a la violencia, la dominación y la supervivencia del más fuerte. Allí donde surgen, siguen el rastro de la sangre, el hierro y el fuego, pues no conocen otro modo de existir que el de saquear, conquistar y aplastar a quienes consideran débiles.
Sus orígenes están envueltos en antiguos mitos y oscuros pactos. Muchos sabios creen que los Orcos fueron creados como una burla retorcida de los Elfos, quizá a partir de un linaje común corrompido por fuerzas demoníacas o por la magia de épocas olvidadas. Este posible parentesco explica, para algunos, el odio visceral e inextinguible que los Orcos profesan hacia los pueblos élficos, un odio tan profundo que parece grabado en su propia sangre.
Físicamente grotescos y de rasgos bestiales, los Orcos poseen colmillos prominentes, hocicos achatados y cuerpos adaptados a la lucha constante. Existen dos grandes subrazas: los Orcos Comunes, más pequeños y salvajes, y los Orcos Mayores, más altos, organizados e inteligentes, capaces incluso de forjar armas y liderar grandes tribus o ejércitos. En el Mundo de las Sombras, su reflejo son los Lugróki, criaturas nacidas de antiguos experimentos y pactos demoníacos, aún más crueles y disciplinadas.
Para los Orcos no existen conceptos como la compasión, la piedad o la convivencia pacífica. Su sociedad se estructura en torno a la fuerza, el miedo y el culto a dioses oscuros que representan la guerra, la dominación y el exterminio. Vivir es luchar; morir, hacerlo con un arma en la mano. Y para el resto de las razas de Beldar, los Orcos no son sólo enemigos: son una amenaza perpetua, un recordatorio de que en las sombras del mundo siempre acecha la barbarie.
RAZAS DEL MUNDO VEGETAL
En
los rincones más antiguos y silenciosos de Beldar, allí donde la vida no se
mide en reinos ni en imperios sino en ciclos, existen razas cuya esencia no
nace de la carne ni de la sangre, sino de la propia tierra. Los Mycos y
los Biligath representan dos manifestaciones distintas de la vida
vegetal y fúngica, surgidas mucho antes de que las razas jóvenes levantaran
ciudades o escribieran su historia.
Ambos
pueblos comparten una profunda conexión con los procesos naturales de
crecimiento, decadencia y renovación, pero encarnan filosofías radicalmente
diferentes. Mientras los Mycos son hijos de la descomposición y la
transformación, nacidos de la humedad, la oscuridad y la Red Vital que une todo
lo que muere y vuelve a vivir, los Biligath son guardianes primordiales del
bosque vivo, encarnaciones conscientes del equilibrio, la permanencia y la
memoria de la naturaleza.
Estas
razas no conciben la existencia como una línea recta, sino como un flujo
constante. Para ellas, la muerte no es un final, sino una transición; el tiempo
no es un enemigo, sino un aliado. Su relación con las razas mortales suele ser
distante, a veces incomprensible, pues sus valores se miden en siglos y en la
salud de ecosistemas enteros, no en conquistas ni riquezas.
En
conjunto, Mycos y Biligath recuerdan a Beldar que la vida no pertenece
únicamente a quienes caminan sobre la tierra, sino también a la tierra misma… y
que, cuando los bosques y las cavernas despiertan, lo hacen con voluntad
propia.
RAZAS MARINAS
Bajo
las olas que bañan las costas de Beldar se extiende un mundo tan vasto y
complejo como cualquier imperio de la superficie. Los mares no son un vacío
hostil, sino un dominio vivo, poblado por civilizaciones antiguas, guerras
silenciosas y saberes que jamás han visto la luz del sol. Las razas marinas de
Beldar no sólo sobreviven en este entorno: lo dominan.
A
diferencia de los pueblos terrestres, las razas acuáticas han desarrollado
culturas, religiones y formas de guerra adaptadas a un medio tridimensional,
donde la profundidad, las corrientes y la presión sustituyen a las murallas y
caminos. Sus ciudades se alzan entre arrecifes, bajíos, bosques de algas o
abismos insondables, ocultas a los ojos de los navegantes que sólo perciben
rumores, naufragios y leyendas.
Entre
estas razas destacan dos grandes potencias:
los Sirénidos, refinados, organizados y estrategas consumados,
guardianes de reinos submarinos que prefieren el aislamiento y el control de
sus dominios; y
los Shuikmar, los temidos Hombres-Tiburón, saqueadores implacables y, al
mismo tiempo, eruditos sorprendentemente avanzados, capaces de combinar
brutalidad depredadora con una profunda veneración por el conocimiento arcano.
Las
relaciones entre las razas marinas y los pueblos de tierra firme son, en el
mejor de los casos, tensas y distantes. Los marinos hablan de ataques
repentinos, sombras bajo el casco y ciudades que jamás deberían existir. Para
los habitantes del océano, la superficie es un territorio ajeno, peligroso y
caótico, aunque a veces demasiado tentador como para ignorarlo.
Explorar
las razas marinas de Beldar es adentrarse en un escenario donde la política se
decide en silencio, la guerra se libra en la oscuridad abisal y el conocimiento
duerme en bibliotecas sumergidas desde hace siglos. Un mundo oculto… pero nunca
inofensivo.
RAZA REPTILINEAS
Las
razas reptilianas de Beldar representan uno de los linajes más antiguos,
resistentes y enigmáticos del mundo conocido. Marcadas por escamas, colas y
miradas frías como la piedra o el océano, estas razas combinan una fisiología
adaptada a entornos extremos con culturas complejas, orgullosas y profundamente
arraigadas en su identidad. Aunque muchas de ellas comparten una apariencia
similar —humanoides de rasgos reptilianos—, sus orígenes, valores y destinos
son muy distintos entre sí.
Desde
las costas rocosas y marismas hasta islas remotas y mares profundos, los
pueblos reptilianos han aprendido a prosperar allí donde otras razas apenas
sobreviven. Suelen ser físicamente poderosos, resistentes al clima y difíciles
de intimidar, lo que los ha convertido en formidables guerreros y defensores de
sus territorios. Sin embargo, reducirlos a meras bestias sería un error: muchas
de estas razas poseen tradiciones agrícolas, urbanísticas, religiosas y
militares tan refinadas como las de cualquier civilización humana o élfica.
En
este grupo se incluyen razas como los Sohleugir, hombres-lagarto
anfibios y honorables que dominan las zonas litorales; los Saurkur, sus
enigmáticos parientes de origen alienígena, portadores de mitos tecnológicos
venidos de las estrellas; y otras variantes reptilianas cuya historia se
entrelaza con antiguas migraciones, cataclismos o contactos con fuerzas más
allá de Beldar.
Para
las razas de sangre caliente, los reptilianos suelen resultar difíciles de
comprender: su percepción del honor, la guerra, la espiritualidad o la memoria
histórica no siempre coincide con la de los pueblos mamíferos. Pero quienes
logran ganarse su respeto descubren sociedades firmes, coherentes y guiadas por
una lógica tan implacable como la naturaleza que les dio forma.
Las
razas reptilianas no son reliquias del pasado ni simples guardianes de tierras
salvajes: son actores vivos en el destino de Beldar, portadores de secretos
antiguos… y, en algunos casos, de un legado que no pertenece a este mundo.
RAZA SUBTERRÁNEAS
Bajo
la superficie de Beldar se extiende un mundo tan vasto y peligroso como
cualquier reino de la luz del sol. Un entramado interminable de cavernas,
túneles, ciudades excavadas y ruinas sepultadas forma el Submundo, un
lugar donde la oscuridad no es ausencia, sino estado natural. Aquí habitan las
razas subterráneas, pueblos endurecidos por la falta de luz, la escasez
constante y la guerra perpetua.
Las
razas subterráneas de Beldar comparten una relación íntima con la piedra, la
noche y el encierro. Muchas de ellas temen o detestan la luz del día, otras
simplemente la consideran irrelevante. La supervivencia en este entorno hostil
ha moldeado culturas crueles, pragmáticas y profundamente desconfiadas, donde
la fuerza, la astucia y el número pesan más que la moral o la compasión.
Entre
estas razas se encuentran trasgos, grandes trasgos, kobolds, murlogi,
trogloditas y otras criaturas afines, cada una con sus propias jerarquías,
odios ancestrales y formas de organización. Algunas han desarrollado complejas
sociedades mineras y tecnológicas; otras viven como depredadores primitivos que
saquean la superficie por placer, venganza o necesidad. No es raro que estas
razas estén enfrentadas entre sí tanto como con los pueblos del exterior, pues
el Submundo es un lugar donde los aliados son temporales y la traición es una
herramienta más.
Para
las razas de la superficie, el mundo subterráneo es fuente de pesadillas:
incursiones nocturnas, túneles que emergen bajo aldeas indefensas y ejércitos
que parecen brotar de la roca viva. Para sus habitantes, sin embargo, la
superficie es un territorio hostil, cegador y blasfemo, habitado por presas
arrogantes que no comprenden la verdadera dureza de la existencia.
En las Crónicas de Beldar, las razas subterráneas no son simples monstruos: son culturas completas, con historia, mitos, ambiciones y tragedias propias. Comprenderlas es comprender el otro rostro del mundo, aquel que se arrastra bajo nuestros pies… esperando el momento de volver a reclamar la oscuridad que considera suya.
HOMBRES
Los Hombres constituyen la raza mortal más numerosa, adaptable y diversa de todo Beldar. Allí donde hay un reino, una aldea, una fortaleza o una ruta comercial, es casi seguro que haya presencia humana. Su mayor fortaleza no reside en una habilidad concreta ni en dones sobrenaturales, sino en su extraordinaria capacidad para adaptarse, aprender y prosperar en prácticamente cualquier entorno, desde los hielos eternos del norte hasta las selvas, desiertos, montañas y grandes urbes del mundo conocido.
A lo largo de la historia de Beldar, los Hombres han levantado imperios y los han visto caer, han fundado religiones, explorado tierras ignotas y desatado guerras que han cambiado el destino del mundo. Aunque su esperanza de vida es limitada en comparación con razas inmortales o longevas, compensan esta desventaja con ambición, ingenio y una inagotable voluntad de dejar huella. Cada generación hereda no solo tierras y tradiciones, sino también conflictos, aspiraciones y sueños inconclusos.
Lejos de ser un pueblo homogéneo, los Hombres de Beldar se dividen en múltiples razas y subrazas, moldeadas por su entorno, su historia y su relación con otras civilizaciones. Desde los refinados y orgullosos Hombres Altos hasta los resistentes Umli del norte helado; desde los versátiles Hombres Comunes hasta los Hombres de los Bosques, Orientales o los singulares Laan, cada cultura humana representa una respuesta distinta a un mismo desafío: sobrevivir y prosperar en un mundo peligroso y cambiante.
Esta diversidad hace de los Hombres una raza impredecible y, a menudo, decisiva. Pueden ser conquistadores o defensores, tiranos o libertadores, sabios eruditos o brutales guerreros. En Beldar, el destino rara vez está escrito, y son los Hombres quienes más a menudo lo reescriben con sangre, acero, fe… o simple determinación.
RAZAS ENANAS
Las
razas enanas de Beldar representan a los pueblos más antiguos,
resistentes y profundamente ligados a la tierra y a la roca. Desde tiempos
inmemoriales, estos pueblos han hecho de las montañas, las cavernas y el
subsuelo su hogar natural, desarrollando culturas duras, perseverantes y
marcadas por la supervivencia en entornos donde otras razas apenas podrían
subsistir.
A
diferencia de los pueblos de la superficie, las razas enanas no conciben la
tierra como un simple lugar que habitar, sino como una entidad viva que debe
ser comprendida, respetada y, en muchos casos, venerada. La piedra, el metal y
los minerales no son solo recursos: son herencia, sustento, memoria y poder. De
este vínculo nacen tanto su legendaria habilidad como mineros y artesanos, como
sus fuertes tradiciones espirituales y sociales.
Aunque
suelen agruparse bajo el término genérico de “razas enanas”, estos pueblos
presentan diferencias profundas en su origen, temperamento y forma de
vida. Algunos, como los Enanos (Nomari), son maestros artesanos y
guerreros disciplinados, con vastos reinos subterráneos y una fuerte devoción a
sus ancestros. Otros, como los Kuraun, encarnan una relación casi divina
con la tierra misma, nacidos —según sus mitos— de la roca viva y dotados de
poderes elementales que los convierten en auténticos hijos de la montaña. Los Gnomos,
por su parte, representan el aspecto más intelectual y contemplativo del mundo
subterráneo, prefiriendo el conocimiento, la magia y la soledad a la guerra y
la expansión territorial.
Pese
a sus diferencias, todas las razas enanas comparten ciertos rasgos comunes:
·
Una
resistencia física y mental excepcional.
·
Una
fuerte lealtad a su gente y a sus tradiciones.
·
Un
carácter generalmente tozudo, pragmático y poco dado a las prisas.
·
Una
desconfianza instintiva hacia las razas superficiales, nacida de siglos de
conflictos, invasiones y traiciones.
Las
razas enanas rara vez buscan la aventura por ambición o curiosidad. Cuando uno
de ellos abandona la seguridad de la roca y se interna en el mundo exterior,
suele hacerlo impulsado por una causa poderosa: la defensa de su pueblo, la
venganza contra un enemigo ancestral, la búsqueda de un conocimiento perdido o
la necesidad de restaurar un honor mancillado.
En
conjunto, las razas enanas de Beldar representan la voluntad inquebrantable
del mundo bajo la superficie, la fuerza paciente de la piedra y la memoria
eterna de lo que ha resistido al paso de las eras.
GRANDES RAZAS
En Beldar existen razas cuya mera presencia altera el equilibrio del entorno que pisan. Los Minotauros y los Semigigantes pertenecen a ese reducido grupo de pueblos colosales cuya fuerza física, resistencia sobrenatural y herencia ancestral los sitúan muy por encima de la media de las razas mortales. Allí donde marchan, la guerra, el miedo o la admiración los preceden.
Estas Grandes Razas no se definen únicamente por su tamaño, sino por una forma de entender el mundo basada en la fuerza, el dominio del territorio y la supervivencia frente a un entorno hostil. Para ellos, la civilización refinada, las intrigas políticas o las sutilezas sociales carecen de valor si no están respaldadas por poder real. El respeto se gana con hechos, no con palabras.
Los Minotauros encarnan la brutalidad disciplinada del combate ritual, el honor forjado en sangre y la lealtad absoluta al clan. Son guerreros natos, nacidos para la confrontación directa, cuya cultura gira en torno a la fuerza, la jerarquía y la superación constante mediante pruebas físicas y duelos. Sus fortalezas, a menudo laberínticas o excavadas en la roca, son símbolos de su dominio territorial y de su rechazo a la debilidad.
Los Semigigantes, por su parte, representan la fuerza primigenia de la tierra y las montañas. Descendientes lejanos de linajes titánicos o bendecidos por poderes elementales, viven en regiones donde pocas razas podrían sobrevivir. Su tamaño colosal y su resistencia los convierten en fuerzas imparables, pero su carácter suele ser más contemplativo que el de los Minotauros, alternando largos periodos de calma con estallidos de violencia devastadora.
Ambas razas son raras en los asentamientos civilizados de Beldar. Cuando aparecen en ciudades humanas o élficas, suele ser como mercenarios de élite, campeones de guerra, guardianes sagrados o figuras casi legendarias. Su presencia impone silencio y respeto, recordando a las razas menores que el mundo aún pertenece, en gran medida, a la fuerza bruta y a las antiguas herencias del pasado.
Un aventurero perteneciente a una Gran Raza no busca la gloria por vanidad, sino por destino. Su camino está marcado por pruebas físicas extremas, conflictos inevitables y la constante lucha entre su naturaleza imparable y un mundo demasiado frágil para contenerlos.
RAZAS INSECTOIDES
Las razas insectoides de Beldar representan una de las formas de vida inteligente más antiguas, extrañas y, para muchas culturas, inquietantes del mundo. Aunque su fisiología y mentalidad difieren profundamente de las razas humanoides tradicionales, los insectoides han demostrado una capacidad extraordinaria para la organización, la supervivencia y la adaptación a entornos extremos.
A diferencia de los pueblos humanos, élficos o enanos, los insectoides raramente conciben la existencia como un camino individual. Para la mayoría de estas razas, el colectivo —la colonia, el clan o la mente compartida— es el verdadero sujeto de la historia. El individuo existe como una extensión funcional de un todo mayor, y su valor se mide por su utilidad, eficiencia o papel dentro de la estructura social.
Las civilizaciones insectoides prosperan allí donde otras razas fracasan: en las profundidades subterráneas, en junglas impenetrables, en ecosistemas hostiles o en regiones donde la disciplina, la especialización y la resistencia son claves para la supervivencia. Sus cuerpos quitinosos, sentidos extraordinarios y metabolismos ajenos a los estándares humanoides les confieren ventajas únicas, pero también limitaciones culturales y emocionales que dificultan la convivencia con otros pueblos.
Para muchos habitantes de Beldar, los insectoides son vistos con desconfianza o temor. Su apariencia alienígena, sus métodos de comunicación no verbales y su aparente frialdad emocional alimentan leyendas de razas carentes de empatía o moral. Sin embargo, esta percepción rara vez es justa. Cada raza insectoide posee códigos éticos propios, a menudo estrictos y coherentes, aunque radicalmente distintos de los de las culturas humanoides.
Entre los insectoides de Beldar se encuentran sociedades colmena perfectamente organizadas, cazadores solitarios de precisión quirúrgica y pueblos que veneran conceptos como el equilibrio depredador, la continuidad genética o la voluntad de una Reina ancestral. Algunas razas, como los Maazhat, representan el orden absoluto y la disciplina colectiva; otras, como los Sstoi’issyluthi, encarnan la caza, la emboscada y el equilibrio natural impuesto por el depredador.
Para los aventureros, tratar con razas insectoides supone un desafío tanto físico como cultural. La incomprensión mutua, las diferencias morales y la dificultad de comunicación pueden ser tan peligrosas como sus garras, mandíbulas o ejércitos perfectamente coordinados. Sin embargo, quienes logran entender su lógica descubren aliados formidables, enemigos implacables y civilizaciones tan complejas como cualquier imperio humano.
Las razas insectoides no son aberraciones ni simples monstruos.
Son pueblos antiguos, funcionales y letales, que recuerdan a Beldar una verdad incómoda:
La inteligencia no siempre piensa como un humano.
OTRAS RAZAS


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