Fragmento del Archivo Mayor de Ilvaron
Año 2 de la Cuarta Edad
Escribo estas líneas no para quienes temen la verdad, sino para quienes la buscan.
Muchos jóvenes preguntan hoy por qué existen los Puntos de Corrupción. Creen que se trata de una invención reciente del clero o de una superstición nacida tras la Ruptura. Nada más lejos de la realidad.
La corrupción no es nueva.
Es antigua.
Más antigua que nuestras murallas, más antigua que las coronas humanas, más antigua incluso que los grandes linajes élficos que aún caminan los bosques.
La corrupción nació el día que Nyxaroth, Avatar de la Oscuridad, pisó por primera vez la carne del mundo.
De la Primera Edad y el Orbe de los Dragones
En la Primera Edad, cuando el mundo aún estaba en formación, Nyxaroth no vino como conquistador, sino como presencia. Su sola existencia deformaba lo que tocaba. No arrasaba ciudades — aún no existían — sino voluntades. No quemaba bosques — los marchitaba desde dentro.
Los dragones fueron los primeros en comprender el peligro.
No los hombres.
No los elfos.
No los sabios.
Los dragones.
Porque ellos sienten las corrientes profundas del mundo, donde la magia no es conjuro sino latido.
Fue entonces cuando, junto al Consejo de los Sabios, crearon lo que hoy conocemos como el Orbe de los Dragones.
Muchos lo recuerdan como artefacto elemental. No lo era.
El Orbe era un núcleo de equilibrio dracónico. Un corazón artificial que estabilizaba el tejido mágico de Beldar y aislaba la frecuencia de Nyxaroth del pulso del mundo.
No lo destruyó.
Lo separó.
Lo silenció.
Y cuando Nyxaroth fue expulsado del latido del mundo, la corrupción desapareció.
Durante siglos se creyó que había sido derrotada.
No lo fue.
Solo fue apartada.
De la Larga Paz y el Olvido
En la Segunda y Tercera Edad nadie habló de corrupción del alma. Las heridas sanaban. Los hombres que mataban sufrían culpa, pero no marcas negras en la piel. La magia impía podía invocarse, sí, pero no dejaba cicatriz espiritual permanente.
El Orbe de los Dragones sostenía el equilibrio.
Y como toda estructura perfecta, fue considerado eterno.
Esa fue nuestra arrogancia.
De la Ruptura
Cuando el Orbe se fracturó — por ambición, guerra y fuerzas que no comprendían su naturaleza — el mundo no explotó en llamas.
Se desequilibró.
Los dragones despertaron inquietos.
Las corrientes mágicas comenzaron a vibrar con disonancia.
Y entonces ocurrió lo inevitable.
Nyxaroth volvió a pisar Beldar.
No descendió con ejército.
No abrió portales.
Simplemente volvió a estar presente.
Y el mundo lo reconoció.
Recuerdo los relatos de aquel día. Los animales huyeron hacia el norte. Los sacerdotes sintieron que sus plegarias ardían en sus manos. Algunos hombres comenzaron a sangrar por antiguas cicatrices.
Beldar tembló.
No de miedo.
De memoria.
De la Corrupción en la Cuarta Edad
Ahora sabemos lo que antes ignorábamos.
La corrupción no es un hechizo.
No es una maldición impuesta por dioses menores.
Es el eco residual de Nyxaroth en el tejido del mundo.
Cuando un alma es expuesta a energía impía, cuando mata en odio absoluto, cuando es herida por fragmentos del Orbe roto o tocada por los Renegados… el alma no queda intacta.
Se abre una grieta.
Y por esa grieta entra sombra.
A eso lo llamamos ahora Puntos de Corrupción.
No son números.
Son fracturas.
Cada punto es una resonancia más cercana a la frecuencia de Nyxaroth.
El Orbe de los Dragones mantenía esa frecuencia fuera de fase con nuestro mundo.
Ahora la barrera no existe.
De los Siervos y los Marcados
He visto con mis propios ojos a hombres resucitados que regresan distintos. He anotado nombres de héroes cuya sangre se volvió más oscura con cada batalla contra lo impío. He registrado casos de guerreros que, tras demasiada exposición, dejaron de sentir compasión.
No se volvieron malvados.
Se volvieron alineados con algo más profundo.
La corrupción no obliga.
Inclina.
Susurra.
Debilita las resistencias internas.
Y cuando el alma cruza cierto umbral, ya no lucha contra la sombra.
Camina con ella.
A esos los llamamos Siervos.
No todos sirven por voluntad.
Algunos simplemente han sido erosionados.
Reflexión Final del Escribano
Muchos claman por reconstruir el Orbe de los Dragones.
Otros dicen que la sombra debe ser enfrentada, no sellada.
Yo no soy mago ni dragón. Solo escribo lo que veo.
Y lo que veo es esto:
La corrupción no volvió porque alguien la invocara.
Volvió porque el equilibrio fue roto.
Y mientras Nyxaroth camine en algún plano cercano al nuestro, Beldar nunca volverá a estar completamente libre de su eco.
Quizá esta sea la verdadera prueba de la Cuarta Edad:
No destruir la oscuridad.
Sino aprender a vivir sabiendo que existe.
— Maelor Itharion
Escribano del Archivo Mayor de Ilvaron
Año 2 de la Cuarta Edad





