En los cielos de Beldar hubo un tiempo en que el
nombre de Lyssandra era sinónimo de nobleza y majestad. Hija de las vastas
llanuras de Thal’dor, surgió de un huevo envuelto en velos de sombra, como si
el destino ya hubiese grabado en ella una huella oscura. Desde joven, su porte
regio y la intensidad de su mirada la distinguieron entre los suyos. Sus
escamas, negras como obsidiana bañada en plata, relucían al sol como espejos de
un linaje antiguo.
Durante siglos, fue guardiana y escudo de su reino. Su
aliento oscuro no destruía, sino que disuadía, alejando amenazas que osaban
desafiar a Thal’dor. Su rugido traía esperanza y su vuelo representaba la
grandeza de los dragones nobles.
Pero la sombra que dormía en su interior nunca dejó de
murmurar.
Nyxaroth, el Vórtice de Desesperación, percibió en Lyssandra la grieta perfecta
para extender su influencia. Desde su reino etéreo, derramó sueños e ilusiones
en la mente de la dragona, sembrando dudas sobre su destino y ofreciéndole la
visión de un poder ilimitado, más allá de la luz y del deber.
En una noche de luna oculta, Lyssandra se encontró con
la presencia de Nyxaroth en un plano de penumbras infinitas. Allí, el Vórtice
le susurró verdades venenosas y promesas gloriosas: un poder absoluto para
dominar las sombras y gobernar sin límites. Su ambición dormida despertó, y su
voluntad, antes férrea, se inclinó hacia la oscuridad.
Cuando volvió a Thal’dor, ya no era la misma. Sus
escamas se tornaron en un fulgor opaco y sombrío, su aliento se volvió
devastación pura, y su majestuosidad se transformó en un presagio de ruina. La
noble guardiana murió en aquel pacto, y en su lugar nació Lyssandra, la Voz
Sombría, emisaria y sierva de Nyxaroth.
A su paso, las tormentas de sombras se desataban, y la
tierra que antes florecía bajo su amparo se marchitaba. El pueblo que un día la
veneró ahora temblaba ante su sombra. Su rugido ya no traía esperanza, sino
desesperanza.
Los demás dragones de Beldar —Tyrmagon, Aurelion y los
guardianes ancestrales— contemplaron su caída con pesar y temor. Intentaron
redimirla, apelando a su memoria, a su honor y a los juramentos compartidos.
Pero la oscuridad la había consumido, y Nyxaroth, con cadenas invisibles,
sujetaba su alma.
La
guerra fue inevitable. Dragones contra dragones, luz contra sombra, hasta que
la Primera Edad de Beldar se tiñó de fuego y tinieblas. Cada enfrentamiento
entre Lyssandra y sus hermanos desgarraba la tierra, incendiaba los cielos y
dejaba grietas en el corazón del mundo.
Y
así llegó el desenlace: los sabios de Beldar, junto a los dragones que aún
resistían, conjuraron un sacrificio supremo. Un sello antiguo, un artefacto
legendario conocido como el Orbe, fue creado para aprisionar a Nyxaroth y a
todos los suyos. En el clímax de aquella contienda, Lyssandra y los demás
renegados fueron arrastrados al interior del Orbe, junto con el propio Vórtice
de Desesperación.
El
precio, sin embargo, fue incalculable: no sólo los caídos fueron encerrados,
sino todos los dragones de Beldar. Los nobles guardianes, los traidores
consumidos y hasta los ancestros, todos quedaron atrapados en el vacío sellado
del Orbe, arrancados del mundo mortal.
La
Primera Edad terminó en silencio. Las llanuras de Thal’dor, otrora custodiadas
por alas majestuosas, quedaron huérfanas. Los hombres y las razas libres
miraron al cielo vacío y comprendieron que los dragones ya no volaban sobre
ellos.
Lyssandra,
la Voz Sombría, quedó atrapada en el Orbe, donde su rugido todavía resuena como
eco de tragedia. Su historia es recordada como advertencia: que incluso lo más
noble puede sucumbir a la tentación del poder absoluto, y que el precio de una
caída puede arrastrar a todos los demás consigo.
El
Retorno de los Dragones y la Ruptura del Orbe
Durante
incontables eras, el Orbe permaneció como una prisión eterna. Sellado en lo
profundo del mundo, su fulgor oscuro contenía no sólo a Nyxaroth y sus
sirvientes, sino también a todos los dragones de Beldar, nobles y renegados por
igual. El mundo aprendió a sobrevivir sin ellos: los reinos crecieron, los
hombres olvidaron, y las leyendas se transformaron en mitos lejanos.
Pero
nada puede permanecer sellado para siempre.
Los susurros de Nyxaroth se filtraron a través de los muros del Orbe,
debilitando el conjuro que lo contenía. La ambición de los mortales, siempre
atraída por lo prohibido, terminó de desgarrar lo que quedaba del sello. Una
grieta, luego un resquicio… hasta que finalmente, en un cataclismo de fuego y
sombra, el Orbe se rompió.
De
su interior emergieron los horrores de la Primera Edad: bestias olvidadas,
demonios de sombras, criaturas moldeadas por Nyxaroth en los días de la guerra
primigenia. El caos regresó al mundo, y las tierras libres comenzaron a temblar
ante un mal que nunca debió volver.
Pero
con la oscuridad también regresó la esperanza.
Los dragones, guardianes y traidores por igual, fueron liberados. Los cielos de
Beldar volvieron a resonar con el batir de alas colosales, y los pueblos libres
contemplaron una visión que creían perdida para siempre. Algunos dragones, como
Tyrmagon y Aurelion, regresaron con renovado propósito: proteger y guiar a las
razas mortales en la nueva guerra que se avecina.
Y
entre ellos también volvió Lyssandra, la Voz Sombría. Sus cadenas en el Orbe no
habían debilitado la marca de Nyxaroth en su alma, pero el paso de las eras la
había cambiado. ¿Seguirá siendo sierva del Vórtice de Desesperación, o acaso la
chispa de nobleza que un día ardió en su corazón podrá ser reavivada?
El
mundo ahora se encuentra en el umbral de una nueva era. Con la ruptura del
Orbe, Beldar se ve amenazado por monstruos de un pasado olvidado, pero también
bendecido con el retorno de los dragones, los únicos capaces de enfrentar lo
que se avecina.
Así
comienza la Tercera Edad de Beldar: un tiempo de guerra, esperanza y destino.
Lyssandra,
la Voz Sombría (Forma humana)
En
su aspecto humano, Lyssandra se manifiesta como una mujer de imponente
presencia, de cabellos largos y encendidos como llamas al viento, que parecen
bailar con vida propia bajo la luz del sol. Sus ojos, de un ámbar profundo,
brillan con un fulgor inquietante, mezcla de atracción y amenaza, capaces de
seducir o helar el alma de quien los sostenga demasiado tiempo.
Su
piel clara, casi pálida, contrasta con el ardor de su cabello, otorgándole un
aura etérea, como si no perteneciera del todo al mundo mortal. Sus labios, de
tono carmesí, se curvan en una expresión ambigua, mitad encanto, mitad
advertencia.
Viste
con el porte de una aventurera o capitana, ropajes de lino blanco y cuero
reforzado, adornados con correajes y un medallón antiguo que cuelga en su
pecho: el símbolo de su pacto con Nyxaroth, siempre visible, siempre
recordándole su destino sombrío. La mezcla de sensualidad y ferocidad en su
porte la convierten en una figura magnética, difícil de ignorar, imposible de
olvidar.
En
su forma humana, Lyssandra suele moverse con elegancia y calma, como una
depredadora que no necesita apresurarse: sabe que el momento de la caza siempre
llega. Su voz es suave y melodiosa, pero cargada de un poder que late en cada
palabra, capaz de inspirar confianza o doblegar la voluntad de los más débiles.
A
pesar de su apariencia mortal, un aura oscura la envuelve, casi imperceptible,
que hace que las sombras parezcan alargarse hacia ella. Quienes la observan con
atención pueden sentir que, detrás de esa figura de mujer, se oculta algo mucho
más antiguo y terrible: el corazón de un dragón que alguna vez gobernó los
cielos de Beldar.
Lyssandra,
la Voz Sombría (Forma Dracónica)
Lyssandra
se alza como un coloso entre las bestias, un dragón ancestral cuyo poder
retumba en el aire con cada latido de sus alas. Su cuerpo está cubierto por
escamas negras como la obsidiana, tan oscuras que parecen absorber la luz a su
alrededor. Sin embargo, bajo ciertos ángulos, esas mismas escamas revelan
destellos de púrpura y violeta, como si ocultaran un firmamento de sombras
palpitantes en su interior.
Sus
ojos, de un fulgor ardiente color ámbar anaranjado, son como brasas vivientes
en medio de un rostro tallado con fiereza. Con una sola mirada, es capaz de
infundir miedo incluso en los corazones más valientes, pues no son simples ojos
de dragón: son ventanas al vacío corrupto de Nyxaroth, el Vórtice de
Desesperación.
De
su cráneo surgen dos largos cuernos curvados hacia atrás, oscuros y afilados
como lanzas, rodeados de crestas espinosas que recorren toda la línea de su
cuello. Su silueta está marcada por alas titánicas, membranas rasgadas por el
tiempo pero aún vastas como tormentas en movimiento, capaces de oscurecer el
cielo cuando se alzan.
Las
garras de Lyssandra son auténticas guadañas de sombra, cada una tan grande como
la espada de un gigante, y su cola termina en una afilada extensión ósea que
usa como látigo devastador. Su pecho y garganta laten con un resplandor
sombrío: el presagio de su aliento oscuro, una llamarada de energía corrupta
que no quema con fuego, sino que consume con vacío, extinguiendo la vida y
dejando tras de sí un silencio antinatural.
Al
caminar, la tierra tiembla bajo su peso, y un halo de penumbra acompaña sus
pasos, como si el mundo mismo retrocediera ante su presencia. Donde se posa,
los árboles se marchitan, el aire se enrarece y las bestias callan, conscientes
de que están en presencia de una de las mayores calamidades de la Primera Edad.
Lyssandra,
la Voz Sombría, no es solo un dragón. Es el eco de la nobleza caída, la
encarnación de un pacto oscuro, y la promesa viva de que incluso las criaturas
más sublimes pueden ser devoradas por la corrupción.
|
Lyssandra, la Voz Sombría |
||||
|
NVL |
BD(AT) |
PV |
Iniciativa |
Bonificación Ataque |
|
52 |
175(20) |
1200 |
150 |
275
Garras/ Magia 175 Base/ |
|
Comentarios: |
||||
|
Puede utilizar magia arcana y en forma
humana puede transformar su mano en las garras de dragon |
||||
Forma
Dracónica
·
Tamaño: Colosal (80 metros de envergadura alar).
·
Aspecto: Escamas negras con destellos violáceos, ojos
de ámbar ardiente, alas como velos de sombra.
·
Poderes
principales:
o Aliento Oscuro: Cono de 50 m de sombra corrosiva, que
marchita materia viva y extingue la luz mágica.
o Aura de Desesperanza: Causa terror y penaliza (-20) a enemigos en
un radio de 30 m.
o Vuelo Tempestuoso: Al batir sus alas puede derribar tropas y
levantar tormentas de polvo y ceniza.
o Garras y Colmillos: Daño devastador, capaces de partir murallas
o abrir grietas en la tierra.
o Control de Sombras: Puede envolver el campo de batalla en
tinieblas o materializar brazos de sombra
Habilidades
Dragónicas
- Aliento
Oscuro: Cono de 50 m. de sombras corrosivas. Produce
daño espiritual + físico, y puede extinguir magia de luz o de sanación
en el área.
- Aura de
Desesperación: Todos los enemigos en 30 m deben resistir con
Voluntad o sufrir penalización acumulativa (-20) en ataques y defensas por
miedo y desesperanza.
- Vuelo
Majestuoso: Puede volar a gran velocidad, provocando ráfagas
que derriban a enemigos menores.
- Control de
Sombras: Manipula la penumbra, creando niebla oscura,
ilusiones o brazos de sombra para inmovilizar.
- Resistencia
Ancestral: Inmune a venenos y enfermedades; gran
resistencia a magia elemental (Fuego, Hielo, Rayo). Vulnerable en menor
medida a la Luz Pura.
Forma
Humana
- Presencia: Imponente y magnética, inspira tanto fascinación como temor.
- Poderes:
- Hechicería
oscura: Domina las artes de la ilusión, la corrupción y
la destrucción.
- Voz
Sombría: Su palabra puede actuar como Palabra de
Poder, doblegando la voluntad de mortales débiles.
- Señora de
la Niebla: Puede invocar sombras que la ocultan,
convirtiéndose en una figura casi fantasmal.
- Combate: Aunque rara vez lucha con armas, porta un bastón de obsidiana con incrustaciones de cristal oscuro, que canaliza su poder.
Historia y
Motivación
Lyssandra
fue la guardiana de Thal’dor, protectora de los reinos libres, hasta caer bajo
la influencia de Nyxaroth. Su caída la convirtió en una de las generales de las
Sombras durante la Primera Edad, pero también en una víctima del Orbe que
encerró a todos los dragones.
Ahora, con la ruptura del Orbe, vuelve al mundo: su lealtad a Nyxaroth es
fuerte, pero en lo más profundo aún late el eco de la nobleza que fue.
·
Objetivos: Extender la oscuridad de Nyxaroth y someter
Beldar.
·
Conflicto
interno: Su
naturaleza protectora, enterrada pero no extinguida, puede ser despertada.
·
Posible
giro narrativo: Los PJ
pueden intentar destruirla, o redimirla para que vuelva a luchar por la
esperanza.
Debilidades
·
Luz
Verdadera: Hechizos o
armas imbuidas en luz divina ignoran parte de su armadura natural.
·
Vínculo
con Nyxaroth: Su voluntad
no es completamente suya; si el Vórtice es debilitado, también lo será ella.
·
Recuerdo
de su nobleza: Ciertos
símbolos de Thal’dor o palabras de dragones antiguos pueden hacerla dudar en
combate.

No hay comentarios:
Publicar un comentario