El eco de cien mentes que susurran al abismo.
“El poder no
se comparte, se fragmenta.”
—
Inscripción grabada en el interior de la corona.
Cuando los sellos del Orbe Primordial se quebraron y
los ecos de la Primera Edad regresaron al mundo, la magia comenzó a retorcerse
en formas nuevas y peligrosas. En ese caos, nació el artefacto más temido de
la Cuarta Edad: la Corona de la Mente Retorcida, una obra de horror,
ambición y locura, concebida por el demonio Adoax, engendro de fuego y
sombra, discípulo y traidor de Da-Rak, el Señor del Fuego.
Origen: el Engaño de Adoax
Adoax, nacido de las brasas de Da-Rak durante la Tercera Edad,
fue uno de sus más brillantes arquitectos del dolor. Pero su ambición era
demasiado grande para permanecer bajo la voluntad de su maestro.
Cuando el Orbe se fracturó al inicio de la Cuarta Edad, los velos entre los
planos se debilitaron y Adoax vio su oportunidad.
En las ruinas de Thir’Al, donde los vientos aún
cargaban la voz de los Durmientes Antiguos, reunió a un remanente de más de
cien almas dormidas —magos y sabios atrapados entre el sueño y la muerte
desde la Primera Edad. Les prometió libertad. Les ofreció despertar. Y los
condujo al sacrificio.
Mediante un ritual de convergencia, Adoax fundió sus
mentes en una sola estructura psíquica encerrada en una corona forjada con el
metal vivo de los abismos ígneos de Da-Rak. Las llamas del Infierno
sellaron las conciencias de los cien Durmientes en un único pensamiento eterno.
Así nació la Corona de la Mente Retorcida, el primer
artefacto de la Cuarta Edad… y su primera maldición.
Poder y Maldición
El portador de la Corona siente el peso inmediato de las cien
mentes entrelazadas. Cada una conserva la chispa mágica que poseía en vida,
capaces de sostener o lanzar conjuros de manera independiente. Por un breve
instante, el portador experimenta la omnisciencia: cien pensamientos que fluyen
como fuego líquido, una sinfonía de poder absoluto.
Efectos en juego de rol:
- Multiplicador
de Poder Psíquico (x4 PP)
- Incremento
de Nivel de Conjuración: +5 niveles
- Permite
mantener hasta cuatro hechizos simultáneos sin perder concentración
Pero pronto, las voces empiezan a discutir, contradiciéndose,
gritando, susurrando secretos olvidados.
El portador siente su mente dividirse en fragmentos, incapaz de distinguir cuál
de las voces es la suya.
Al final, la Corona elige a su nuevo huésped… y devora al anterior. A no ser que el portador tenga la voluntad
suficiente para someter a las 100 mentes.
El Verdadero Propósito
Adoax no buscaba sólo poder: deseaba usurpar el fuego
eterno de su maestro Da-Rak. Creía que, al albergar cien mentes de sabios y
magos, podría resistir la locura del Fuego Primordial y dominar al propio
demonio que lo había engendrado. El ritual de enfrentamiento fue breve y
terrible. Da-Rak se presentó como una tormenta de llamas conscientes, y la
mente múltiple de Adoax intentó contenerlo. Durante un instante, el fuego se
detuvo. Y luego la Corona gritó. Y el discípulo se convirtió en maestro y demonio
del fuego.
Epílogo
“El fuego no destruye la mente: la purifica.
Pero cuando cien mentes arden juntas, ninguna sobrevive para contarlo.”
— Fragmento del Tratado de los Ecos Perdidos, Cuarta Edad.

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