Prólogo 0.3


Sobre el río, el viento zarandeaba las hojas de los árboles, desprendiéndose y cayendo al cauce. Estas eran arrastradas por la fuerte corriente como barcas de juncos zarandeadas en un mar enrarecido del Norte. A lo lejos, en la orilla, en una planicie rodeada de árboles centenarios que cortaban el frío aire de la mañana y ajeno a cualquier distracción, estaba Ereilyn. Alta, con el pelo largo y liso, oscuro como el azabache. Le llegaba hasta rozar los hombros. Haciendo su ejercicios matinales, se le adivinaba lo esbelta y fuerte que era,  y a pesar de estar embarazada, los hacia cada día. No quería perder la costumbre de hacerlos.  El médico le había indicado que se moderase en el esfuerzo, era lo más conveniente en su avanzado estado, que podría adelantar el parto, previsto para dentro de 2 semanas.

         Había querido tener un parto natural y no gestar a su hijo en las frías vainas del Laboratorio Prenatal del Ministerio. Eran pocos los que  tenían a su descendencia de manera natural. Pero ella quería sentir lo que era llevar una criatura creciendo en su interior  y nunca se había arrepentido de su decisión. La experiencia es y estaba siendo maravillosa.

         Aquella mañana el suave viento incrementaba la sensación de frío, el cielo estaba despejado, salvo por una pequeñas nubes que daban discordancia al cielo raso. Los soles gemelos brillaban con intensidad en aquella época del año, pero una luz más intensa que atravesó las nubes, hizo que sus ojos oscuros como una noche sin estrella  mirasen el horizonte, viendo como una gran bola de fuego cruzaba el cielo e impactaba no muy lejos de allí, ella noto la colisión el temblor de la tierra bajo sus pies.

         Hacia siglos que un fenómeno de esas características no ocurría en Beldar y menos aún en una de sus Lunas. Según cuentan las leyendas, los niños nacidos de los meteoritos tienen el destino marcado y marcan el destino de los que tienen a su alrededor, a estos niños se les llama niños de las estrellas o los caminantes de los cielos, pero eso eran leyendas de un tiempo pasado y ella no creía en ellas.

         El espectáculo pirotécnico le había hecho detener sus ejercicios, y hoy especialmente se notaba cansada y decidió ir a ver el lugar del impacto. Después de caminar un buen rato, más de lo que ella pensaba, llego al límite del cráter. Fuera del mismo vió cómo una piedra verde resplandecía en su propia luz. Se quedó como hipnotizada. La cogió y se la metió en el bolsillo. Justamente cuando hacía el movimiento sintió un fuerte dolor en el abdomen, las contracciones habían comenzado, y pensó que quizá debería de haber hecho caso al médico. Con la calma que le caracterizaba se dirigió al lugar donde había dejado el vehículo para ir al Ministerio Prenatal para tener a su hijo de manera natural.

         Hoy iba ser un gran día iba a tener a su hijo 

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RAZA: SSTOI’ISSYLUTHI