Prólogo
La noche llegaba a su ocaso, la luz de los soles gemelos se filtraba en el
horizonte, haciendo desaparecer poco a poco el cielo estrellado. Fue entonces
cuando una mujer de mediana edad y algo entrada en carnes entraba por la puerta
de la casa. Viendo un panorama que ya estaba acostumbrada a ver. Un matrimonio
joven estaba esperando con ansia la llegada de la comadrona. La joven
embarazada llevaba mucho tiempo esperando. A pesar de ser tan jóvenes habían
tenido ya varios desengaños y ya pensaban que no podían, hasta que llego hace
nueve meses la buena nueva.
Cuando la comadrona miró con más detenimiento vió que algo iba mal. Enseguida
le indicó al marido que le diese paños limpios y que trajese agua caliente.
Después de realizar las tareas recomendadas le indico que esperase fuera de la
casa. Había complicaciones en el nacimiento. Gosfred Danon esperó fuera
mientras la comadrona realizaba su trabajo, después de esperar un breve plazo
de tiempo, que a él le pareció toda una eternidad. Escucho en el interior de la
casa el llanto de un bebé. En ese mismo instante vio como un meteorito cruzaba
el horizonte rodeado de una gran llamarada e iluminando el cielo como la luz de
los soles gemelos, una parte del mismo se desprendía, el cual impactaba no muy
lejos de la casa. El lugar de la colisión se iluminó con una resplandeciente
luz verde. La fuerza del impacto se noto en los cristales de las ventanas, que
se rompían en un mosaico de infinitos trozos.
Mientras los
cristales se agrietaban, el llanto de un bebé se escuchaba en el interior
de la casa. Pero, aparte del llanto, el silencio era sepulcral. Gosfred entró
en la casa con un mal presentimiento, y en cuanto entró en la habitación, sus
más
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