Aparición: Segunda Edad de Beldar
Avatar: Serakar, el Ojo de las Cadenas
Estado
Actual: Su
avatar vaga encadenado entre los Desfiladeros de Ceniza, buscando juramentos
rotos.
El
Azote de los Juramentos
Valatrion
es el Dios de la Venganza y la Retribución Implacable, señor de las Cadenas del
Deudor y guardián de los juramentos incumplidos.
Su dominio no nace de la justicia fría, sino del fuego ardiente del agravio
eterno. Donde Valdran pesa la verdad, Valatrion reclama el precio.
No
perdona, no olvida y no concede misericordia sin pago: su ley dicta que todo
daño exige respuesta, y que el dolor que no es devuelto se convierte en
corrupción del alma.
Cuando
los dioses abandonaron Beldar tras la Primera Edad, Valatrion juró que ninguna
traición quedaría sin castigo. Incapaz de actuar directamente por el Pacto
Divino, derrama su voluntad a través de su avatar, Serakar, el Ojo de las
Cadenas, ejecutor del rencor sagrado y cobrador de deudas de sangre.
“No
pido justicia. Pido pago.”
La
Edad de la Venganza Desatada
El
nombre de Valatrion resonó con furia durante la Segunda Edad, cuando reyes
perjuraron alianzas y héroes traicionaron pueblos enteros por ambición.
Las
súplicas de los traicionados, los que no hallaron justicia en tribunales
humanos, se elevaron como brasas al plano divino. Valatrion escuchó —y no dudó.
Así
fue convocado Serakar.
Durante
trece días y trece noches, el avatar recorrió los reinos encadenando a
los perjurios vivientes.
Los traidores no murieron en batalla:
murieron atormentados por el peso de sus propios juramentos rotos.
Cuando
el cobro terminó, Valatrion dejó sus cadenas clavadas en los Desfiladeros de
Ceniza, y Serakar continuó caminando, sin descanso y sin paz.
El
Rostro del Rencor Perfecto
Valatrion
se manifiesta como un hombre de mirada ardiente y sonrisa ausente, con cabello
gris ceniza y piel marcada por nombres escritos en cicatrices brillantes.
Su
manto negro y carmesí se abre como una herida, y alrededor de sus brazos giran
cadenas incandescentes con fragmentos de espadas rotas.
En
su mano empuña la Espada Quebrada, cuyos pedazos se mantienen unidos por
cadenas que forman un ojo abierto.
Cuando
su ira se desata, las cadenas se alargan hasta el horizonte y atan el destino
de sus enemigos.
“No
te temo, Valatrion.”
“No
necesito que me temas.
Solo que recuerdes.”
El
Culto del Rencor Guardado
Los
seguidores de Valatrion se llaman Los Marcados por la Deuda.
No predican el perdón: lo anotan.
Son
cazadores de traidores, ejecutores de juramentos y guardianes de agravios
sagrados. Sus templos se construyen en lugares donde ocurrió una traición
histórica, y sus muros están cubiertos de nombres grabados.
Los
rituales principales del culto son:
El
Registro de la Deuda:
El fiel
escribe el nombre de quien lo traicionó y lo ata con una cadena al altar.
La
Sangría del Juramento:
Un pacto
sellado con sangre, que solo puede romperse pagando un precio físico o
espiritual.
Quien
entra al culto acepta una marca: una fina cicatriz roja sobre el corazón.
Relaciones
con Otros Dioses
Valdran,
dios del Juicio:
Respeto tenso. Valdran pesa —Valatrion cobra.
Kaelthor,
dios de la Guerra:
Aliados en ocasiones; la guerra crea traiciones, y Valatrion se alimenta de
ellas.
Nytheris,
diosa de la Oscuridad:
Cómplices silenciosos; ella oculta, él persigue en la sombra.
Aureon,
dios de la Luz:
Desaprueba a Valatrion, pero reconoce que su existencia evita que la mentira
reine impune.
Eirvan,
dios de la Curación:
Enemigos filosóficos. Eirvan predica perdón; Valatrion lo llama debilidad.
Nox,
dios de la Peste:
Odio absoluto. Nox corrompe sin juramento; Valatrion detesta lo que no puede
atarse a un pacto.
Símbolos
y Culto
Símbolo
Sagrado:
espada partida unida por cadenas en forma de ojo
Colores: negro, rojo carmesí y gris oscuro
Ofrendas: fragmentos de armas rotas y nombres escritos con sangre
Animales Sagrados: cuervo (memoria del agravio) y serpiente (venganza
paciente)
Oración
del Rencor Sagrado
“Valatrion,
Portador del Rencor,
guarda mis heridas y nombra a mis deudores.
No me quites el dolor: afílalo.
Dame fuerza para cobrar
y cadenas para atar la traición.
Que ninguna ofensa duerma
mientras tu ojo me recuerde.”

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