Esfera de Influencia: Fortuna,
Suerte, Destino y Oportunidad
Avatar: Nylia, la Dama del Dado
El Viento que Cambia el Rumbo
Zareth, conocido como el Tejedor del Azar, es el
dios de la Fortuna y el Cambio Inesperado. A diferencia de otros dioses,
no posee templos grandiosos ni sacerdocios estructurados: su fe vive en los
juegos de azar, en el primer paso del viajero, en la última moneda del mendigo,
en cada momento donde la suerte decide lo que la voluntad no puede. Zareth no
es benevolente ni cruel; es el equilibrio entre la posibilidad y el destino.
Los fieles dicen que él no da ni quita la suerte, solo la ofrece a quien se
atreve a tomarla.
“La suerte no sonríe: escucha a quien se atreve a hablarle.”
Apariencia del Dios
Zareth se presenta como un hombre joven de sonrisa inquieta y
mirada cambiante, capaz de reflejar tanto el júbilo como la tragedia con una
sola expresión. Su cabello parece moverse con el viento, y sus ojos contienen
colores distintos cada vez que se le mira. Viste ropas coloridas con símbolos
de espirales y dados grabados en oro, y porta un bastón rematado por una moneda
giratoria que nunca deja de girar. A su alrededor revolotean cartas, hojas,
monedas y plumas, cada una representando una posibilidad que aún no ha
ocurrido. Se dice que donde camina, la realidad misma titubea durante un
instante.
El Primer Giro del Mundo
En los mitos antiguos, Zareth fue el último en unirse al Pacto
Divino. Mientras los otros dioses definían las leyes del cosmos, él lanzó una
moneda al aire y dijo:
“Que incluso los dioses no sepan siempre lo que viene.”
La moneda cayó y, en ese instante, nació el azar. Desde
entonces, Zareth vela para que el orden absoluto nunca ahogue la posibilidad
del cambio. Los sabios lo llaman el Hijo del Equilibrio, pues sin su
intervención, ni la esperanza ni la tragedia podrían existir.
Los Hijos del Giro
Los fieles de Zareth, conocidos como Hijos del Giro, no
siguen reglas fijas ni jerarquías. Sus templos son tabernas, mercados y
carreteras; su fe se expresa con risas, desafíos y promesas al viento. Llevan
un dado dorado o una moneda con dos caras distintas, una marcada con el sol y
otra con la luna, símbolo de la dualidad del azar. Antes de tomar decisiones
importantes, arrojan su dado o giran su moneda, creyendo que el resultado no es
casualidad, sino la voz de Zareth hablándoles directamente.
El Avatar: Nylia, la Dama del Dado
Su avatar, Nylia, es una mujer de espíritu libre y
mirada traviesa. Aparece cuando el equilibrio del mundo se inclina demasiado
hacia la desesperanza o el control absoluto. Camina entre reyes y mendigos,
jugando a los dados por destinos que ni siquiera ella comprende del todo. Durante
la Tercera Edad, se dice que Nylia detuvo una guerra con un solo
lanzamiento: apostó la paz de dos naciones a una tirada de dado. Ganó con un
siete imposible, y los cronistas juran que la suerte cambió el curso de la
historia. Desde entonces, se la venera como la Dama del Dado Dorado,
la única mortal capaz de hacer sonreír al propio Zareth.
Filosofía del Giro Infinito
Zareth enseña que la fortuna no distingue entre buenos y
malos, sino entre quienes se arriesgan y quienes no. Para él, la vida es
un juego, y el valor de jugarlo con esperanza es la mayor virtud que puede
tener un mortal.
“Nada está perdido hasta que el dado deja de rodar.”
Plegaria del Azar Benevolente
“Oh Zareth, señor del viento
incierto,
sopla sobre mis pasos,
guía mi mano aunque no vea el camino.
Si debo caer, que sea danzando;
si debo ganar, que no olvide agradecer.
Que mi suerte no me ciegue,
y que tu risa me acompañe,
hasta el último giro del dado.”
La Fortuna en la Cuarta Edad
En la Cuarta Edad de Beldar, la suerte parece volverse
caótica. Los vientos cambian sin razón, los oráculos fallan, y los reinos se
alzan o caen en un solo amanecer. Los sabios dicen que Zareth ha despertado.
Su influencia se siente en los mercados, en las batallas y en los sueños de los
jugadores, y algunos afirman haber visto a Nylia en las calles de
Lirendel, sonriendo mientras lanzaba una moneda al aire que nunca cayó al
suelo.
“El azar es la respiración de los dioses.
Ignóralo, y el mundo dejará de moverse.”

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