Vaelrith, la señora de la tormenta



Esfera de Influencia: Tormentas, Relámpagos, Cielos y Furia Divina
Avatar: Marveth, el Portador del Trueno

La Voz del Cielo

Entre todos los dioses de Beldar, pocos inspiran tanto temor y reverencia como Vaelrith, la Señora de la Tormenta. No es diosa de la destrucción sin sentido, sino del equilibrio a través del caos. Donde el cielo ruge, donde el rayo parte las montañas, allí se escucha su voz: un canto furioso que purifica tanto como destruye. Vaelrith representa la ira necesaria de la naturaleza, la fuerza que limpia, renueva y recuerda a los hombres que la creación no puede ser domada.

“Sin la tormenta, el aire se pudre. Sin mi furia, el mundo muere quieto.”

Apariencia de la Diosa

Vaelrith se manifiesta como una figura femenina de belleza salvaje y terrible, de cabello plateado que danza como relámpagos entre las nubes, y ojos del color del cielo antes de la lluvia. Su cuerpo está cubierto por una armadura forjada de viento y trueno, y su voz resuena como el rugido de una tormenta en la distancia. Cuando camina, las nubes se abren; cuando grita, el rayo obedece. A menudo se la representa sosteniendo una lanza hecha de puro relámpago, símbolo de juicio y renovación.

La Forjadora del Trueno

En la Primera Edad, los cielos eran mudos y las aguas inmóviles. Fue Vaelrith quien alzó su mano y golpeó el firmamento, creando el primer trueno y despertando el movimiento en el aire. Así nació el ciclo de las tormentas, y con él, el equilibrio entre calma y caos. Desde entonces, los marineros, exploradores y guerreros la invocan antes de enfrentar el peligro, pues su favor no garantiza la seguridad, sino la fuerza para resistir.

“No pidas calma, pide el valor de enfrentar la tormenta.”

La Dama del Relámpago

Vaelrith no castiga ni protege por capricho:
ella observa el corazón de los hombres, y golpea solo donde la cobardía se oculta.
Los pueblos de la costa dicen que los rayos caen sobre los mentirosos,
y que los truenos son las risas de la diosa cuando la verdad se revela.

Sus templos suelen ser torres de piedra y metal,
erigidas en las cimas más altas, donde las nubes besan la tierra.
Allí, los sacerdotes graban los nombres de los valientes en placas de bronce,
pues todo aquel que desafía el miedo honra a Vaelrith, incluso si muere.

El Avatar de la Furia: Marveth

Su avatar, Marveth, el Portador del Trueno, fue visto por última vez al final de la Segunda Edad, cuando una guerra de reyes sumió a los cielos en silencio. Marveth descendió envuelto en tormenta, y su llegada cambió el curso de la batalla: el trueno rugió durante tres días y tres noches, hasta que la tierra tembló y el conflicto cesó. Desde entonces, su nombre se pronuncia con temor y respeto, pues donde aparece Marveth, la voluntad de Vaelrith se cumple con fuego y rayo.

Los Hijos del Rayo

Los fieles de Vaelrith son conocidos como los Hijos del Rayo. No tienen templos fijos, pues consideran el cielo su altar. Visten ropas grises y azules, y marcan su piel con tatuajes de relámpagos. Entre ellos existen los Portadores del Viento, guerreros y chamanes que aprenden a canalizar la furia de la tormenta en combate, alzando sus armas al cielo antes de atacar, esperando el toque de Vaelrith en forma de un rayo que los consagre.

Filosofía del Trueno

Para Vaelrith, la tormenta no es castigo, sino purificación. Así como el rayo destruye lo viejo para permitir el renacer, también el alma debe ser azotada por el cambio. Sus fieles creen que la calma perpetua es corrupción y que solo el caos controlado mantiene viva la voluntad de los dioses.

“Donde hay trueno, hay vida.
Donde hay miedo, hay poder que aún no despierta.”

Plegaria del Cielo Despierto

“Vaelrith, Señora del Cielo,
tu voz truena en nuestros corazones,
tu ira limpia nuestros miedos.

Danos la fuerza para resistir la tormenta,
la voluntad de no caer ante el trueno,
y la sabiduría para entender tu furia.

Que cada rayo sea recuerdo,
y cada trueno, promesa.”

El Retorno en la Cuarta Edad

En la Cuarta Edad de Beldar, los vientos se han vuelto impredecibles. Los mares rugen, y los rayos caen donde nunca lo hicieron antes. Los augures dicen que Vaelrith ha despertado, y que su avatar Korven camina nuevamente entre los hombres. Donde su ira cae, los tiranos tiemblan y los cobardes se esconden, pero también la tierra vuelve a respirar. Porque tras la tormenta, siempre llega el aire limpio.

“No temas al trueno:
es la risa del cielo recordando que aún está vivo.”


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