Seraphiar, la luz eterna

 



Avatar de: Aureon, el Portador de la luz

Esfera de Influencia: Luz

El Fuego que No Cesa

Seraphiar es conocido como la Llama Eterna, el avatar del dios Aureon, portador del amanecer y guardián de la claridad divina. Allí donde Aureon simboliza la perfección celestial y la pureza de la verdad, Seraphiar representa la acción de la luz sobre el mundo, su toque ardiente que transforma y purifica. Se dice que cuando los dioses abandonaron Beldar, Aureon dejó tras de sí un fragmento de su fuego divino, un espíritu nacido del primer amanecer: Seraphiar. Su existencia no busca consumir, sino iluminar sin destruir, recordando a los hombres que el fuego del conocimiento puede arder tanto en el alma como en el cielo.

“No temo a la oscuridad, pues soy el fuego que la disuelve.”

La Apariencia del Avatar

Seraphiar aparece como una figura andrógina, envuelta en un manto de luz que oscila entre el oro y el blanco.
Su cabello parece hecho de fuego puro, y su rostro irradia serenidad infinita. Sus ojos son dos soles pequeños que no ciegan, sino que revelan lo que la sombra oculta. Cuando se manifiesta ante los mortales, lo hace como un resplandor en el horizonte, un calor que no quema, o una voz que se escucha en la mente justo antes del amanecer. En los relatos más antiguos, se dice que su mera presencia detiene a los espectros y disuelve las tinieblas.

“Soy llama en la oscuridad, y en mí no hay sombra.”

El Despertar del Amanecer

Seraphiar fue despertado durante la Segunda Edad de Beldar, en una era de tinieblas y desesperanza. Los cielos habían sido cubiertos por los dragones y la fe en los dioses menguaba. Fue entonces cuando Aureon lo envió desde el Orbe del Amanecer para reencender la llama sagrada y devolver la esperanza a los mortales. Seraphiar caminó entre los hombres durante setenta años, purificando templos profanados y encendiendo los altares de Aureon en los reinos del norte. Su última aparición registrada fue en el Santuario del Alba Eterna, donde se dice que se convirtió en fuego puro y descendió bajo la montaña. Desde entonces, su llama brilla en silencio, despertando solo cuando la sombra amenaza con cubrir el sol.

El Culto del Fuego Puro

El culto de Seraphiar es discreto, pero profundamente espiritual. Sus seguidores creen que cada llama encendida —ya sea de una vela o de un amanecer— es un eco de la luz divina que arde en el alma de todo ser vivo. Durante los Ritos del Alba, los fieles encienden antorchas en silencio y pronuncian su plegaria sagrada:

“Arde en mí, Seraphiar,
llama sin sombra, fuego sin temor.”

Los sacerdotes del fuego no son guerreros, sino purificadores, encargados de limpiar los lugares corrompidos por la oscuridad o el olvido. Se dice que incluso los muertos pueden encontrar el camino hacia la luz si un Custodio de la Llama susurra su nombre frente al fuego de Seraphiar.

Símbolo y Plegaria

El símbolo de Seraphiar es una llama de tres puntas rodeada por un halo solar, emblema de la eternidad del fuego divino. Sus colores sagrados son el blanco, dorado y ámbar, los tonos del amanecer y del espíritu encendido.

“Seraphiar, llama eterna,
guía a los que buscan sin ver,

ilumina el sendero de los que dudan,
y disuelve las sombras que acechan el alma.

Que tu fuego despierte en nosotros
la fuerza de la verdad y la paz del amanecer.”

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