Kaedor, el hijo del placer

 



Avatar de: Elyndra, la Portadora del Aliento Vital
Esfera de Influencia: Fertilidad, Deseo y Nacimiento

El Encantador de los Corazones

Kaedor, conocido como el Hijo del Placer o el Susurro de Elyndra, es el avatar de la diosa de la Fertilidad.
Donde ella es la fuente del deseo y la chispa de la creación, Kaedor es la manifestación de la pasión hecha carne, el puente entre el cuerpo y el alma, entre el instinto y el amor sagrado. No es un dios del libertinaje, sino de la unión que crea vida, del vínculo que da sentido al deseo. En cada beso, en cada roce, en cada nuevo ser que despierta al mundo, Kaedor deja su huella invisible.

“El placer no es pecado: es el eco de los dioses recordando su creación.”

Apariencia y Símbolos

Kaedor aparece como un hombre de belleza andrógina, de piel luminosa y mirada profunda. Su cabello dorado se mueve como si flotara en agua, y su voz puede ser tan suave como el viento o tan ardiente como el fuego. Su cuerpo está marcado con símbolos sagrados de unión, que brillan con una luz cálida cuando alguien lo observa con deseo o fe.

Se le asocia con la serpiente doble —símbolo de fertilidad y energía vital— y con la rosa carmesí, flor de los ritos de Elyndra. Los perfumes, espejos y velas encendidas son sus ofrendas predilectas.

El Despertar del Avatar

Durante la Segunda Edad de Beldar, cuando la esterilidad asolaba los reinos del sur, Elyndra despertó a su avatar. Kaedor caminó entre mortales, restaurando la fecundidad de la tierra y de los cuerpos. Sin embargo, su presencia alteró el equilibrio del alma humana: los hombres y mujeres que lo veían ardían en deseo, incapaces de distinguir el amor del anhelo. Para poner fin al caos, Kaedor se retiró voluntariamente a los Jardines Carmesí, donde duerme aún, rodeado de flores eternas que florecen al ritmo de su respiración. Se dice que cuando el amor y la vida estén a punto de extinguirse, su despertar marcará una nueva era de renacimiento y pasión.

Los Portadores del Aliento

Los seguidores de Kaedor forman una orden dentro del culto de Elyndra llamada los Portadores del Aliento.
Sus templos, más semejantes a retiros espirituales, enseñan a comprender el deseo como fuerza vital y canal de poder divino. No predican el placer desmedido, sino el conocimiento del propio cuerpo y la armonía con los otros. En sus ceremonias, los sacerdotes y sacerdotisas entonan cánticos que invocan la energía de Elyndra y Kaedor, sellando uniones espirituales o bendiciendo nacimientos con palabras que se dice pueden fortalecer el alma antes incluso del primer llanto.

“El cuerpo no miente; solo recuerda lo que la mente olvida.”

Filosofía del Hijo del Placer

Kaedor enseña que el deseo no debe reprimirse ni dominarse, sino comprenderse. El amor y la lujuria, la creación y la destrucción, son reflejos del mismo fuego divino. Negar uno es negar la esencia de la vida.

“El fuego que arde en el cuerpo también ilumina el espíritu.”

Plegaria del Aliento Divino

“Elyndra, madre del suspiro,
y Kaedor, hijo del placer,

enseñadnos a amar sin miedo,
a dar vida sin cadenas,
y a sentir sin perder el alma.

Que el deseo sea nuestra plegaria,
y el amor, nuestro templo eterno.”

El Susurro en la Cuarta Edad

En la Cuarta Edad de Beldar, las guerras y la desesperanza han vuelto estériles a muchos pueblos. Pero se dice que en las noches sin luna, un joven de ojos dorados camina entre los durmientes, susurrando promesas de renacimiento a quienes se han rendido al vacío. Nadie sabe si es un sueño, un mito… o el despertar del Hijo del Placer.

“El deseo dormido es una semilla.
Y toda semilla, tarde o temprano, florece.”

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