Deidad Asociada: Morathis, Dios de la Muerte y elUmbral
Esfera de Influencia: Muerte
Quién es Nheria
Cuando los dioses abandonaron Beldar tras el Pacto, Morathis
dejó tras de sí una sombra, una guardiana: Nheria.
No fue creada para matar, sino para vigilar el tránsito de las almas y mantener
cerrado el Umbral, esa frontera invisible donde los vivos y los muertos se
confunden.
Nheria es conocida como la Guardiana del Umbral, la
Dama Silente o la que Toca el Último Aliento.
No es una diosa, sino el eco de una divinidad: una voluntad contenida,
paciente, incorruptible.
Su despertar marca siempre el mismo signo: los muertos han olvidado cómo
morir.
Apariencia y Presencia
Se manifiesta como una mujer de piel casi traslúcida y ojos
sin pupilas, envuelta en un manto gris que parece fundirse con la niebla.
Su cabello blanco se mueve sin viento, y de sus manos se extiende una fina
bruma que adormece a los espíritus errantes.
Lleva consigo la Llave de los Silencios, forjada en la Primera Edad,
capaz de abrir o sellar los caminos del alma.
Donde Nheria camina, los sonidos se apagan: ni el metal
resuena, ni las voces pueden alzarse.
Solo el eco del corazón sigue latiendo… un recordatorio de que todo late solo
hasta que ella lo decide.
El Despertar de la Segunda Edad
Nheria fue vista por última vez al principio de la Segunda
Edad, cuando los dragones desaparecieron de Beldar.
La ausencia de esas criaturas —guardianas naturales del equilibrio vital—
provocó un colapso en el ciclo de las almas: los muertos se negaban a cruzar el
Umbral, aferrados a un mundo que ya no reconocían.
Fue entonces cuando los necromantes de Arthenmor
comenzaron a usar esas almas perdidas para levantar ejércitos de carne y hueso.
Durante cuarenta días, los muertos marcharon sin propósito, y el aire del
continente olía a hierro y silencio.
En el cuadragésimo primer día, Nheria despertó.
No blandió espada ni fuego: simplemente caminó entre los cuerpos y susurró
sus nombres verdaderos.
Uno a uno, los caídos dejaron de moverse, agradecidos, como si al fin
recordaran a dónde debían ir.
Cuando el último cadáver descansó, Nheria desapareció.
Solo quedó su llave, clavada en el suelo de la necrópolis.
Dicen que cuando vuelva a girar por sí misma, la muerte caminará de nuevo
entre los vivos.
Símbolos y Culto
Los templos dedicados a Nheria no son lugares de adoración,
sino de silencio y reposo.
Sus seguidores —los llamados Custodios del Umbral— visten mantos grises
y cubren sus rostros con máscaras pálidas.
Ellos no lloran a los muertos: los acompañan.
Símbolos sagrados:
- La Llave
de los Silencios, emblema del tránsito entre planos.
- La bruma
blanca, usada en rituales de purificación.
- La mano
abierta, gesto con que los Custodios despiden a los moribundos.
Nheria no exige sacrificios ni rezos. Solo aceptación.
Sus fieles repiten una máxima sencilla:
“El que teme morir, teme recordar.”
La Profecía de la Llave
Entre los textos prohibidos del Monasterio de Itheran
se conserva una profecía atribuida a Nheria:
“Cuando la llave gire sin mano,
y el viento no mueva la llama,
sabrán que la muerte ha olvidado dormir.”
Algunos sabios interpretan esto como la señal de una ruptura
en el ciclo de Morathis, un evento catastrófico que podría despertar tanto
al dios como a su avatar para restaurar el equilibrio… o borrar a los mortales
de Beldar.
Legado y Culto Actual
En la Tercera Edad, los monjes del Velo Gris aún
esperan el regreso de Nheria.
No la invocan, pero velan su símbolo: una llave sin cerradura, suspendida sobre
un altar de piedra.
Dicen que cuando esa llave caiga por sí misma, las almas volverán a cruzar
el Umbral…
y el Silencio cubrirá el mundo una vez más.
Oración de los Custodios
“Nheria, Guardiana del Paso,
abre las sendas del reposo.
Que los que vagan encuentren calma,
que los que temen hallen consuelo.
Cierra los ojos del mundo,
y deja que el Silencio reine otra vez.”

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